El seguimiento de los pacientes en oncología debe ser objeto de un vasto plan de acción social, donde se elabore un programa de franco sentido social, económico, cultural, religioso, geográfico, racial y hasta político. Desde el punto de vista social, debe existir un servicio debidamente organizado, constituido por una oficina planificadora y orientadora para el control y el seguimiento del enfermo canceroso después que regrese a la comunidad, muchas veces más desorientado y confuso que cuando ingresó al hospital, porque además de su enfermedad tratada, los gastos familiares aumentaron y el mismo paciente será una carga tanto para su familia, como para la sociedad y el estado. El servicio social será muy importante por las características y funciones especificas que le concierne y, por la gran ayuda que significará para la buena marcha de los otros servicios. El porcentaje de seguimiento por encima de 5 años de nuestros pacientes es mínimo, y ello, es el reflejo de la gravedad de la enfermedad, que es tratada en su gran mayoría cuando ya no hay esperanza de curabilidad. Hay otros canceres tratados y en control, pero seguramente tendrán un pronóstico sombrío durante un tiempo relativamente corto. El mayor porcentaje de seguimiento está en el cuello uterino, en un 73,43 %, y en el cáncer de la mama, con un 68,30 %, remontándose al porcentaje de está enfermedad, para casos tratados mediante cirugía radical y radiaciones, al 96,42 %. El control es llevado por medio de citas, que se hacen en algunas oportunidades a través de los médicos rurales o de las visitadoras sociales de las unidades sanitarias. Al paciente tratado de su cáncer se le elabora una ficha, y si se puede ubicar fácilmente, se la aconseja venir al control, ya que esto es indispensable para la buena marcha de su salud.