La diferenciación que se hace generalmente entre tumores benignos y malignos es de naturaleza clínica, prácticamente necesaria, pero no científica ni anatómica. La exacta identificación de la naturaleza tumoral es posible mediante estricta colaboración entre el clínico y el patólogo. A priori, no siempre se puede decidir anatómicamente si un tumor es maligno o no, debido a que varios caracteres macro y microscópicos pueden presentarse en la formas malignas y en las benignas. Existe un grupo de tumores denominados semi malignos (carcinoides, tumores de células de la granulosa, etc.), que tienen evolución larga y están morfológicamente y biológicamente entre los típicamente malignos (infiltrantes, sin cápsula, anaplásicos, recidivantes y metastizantes, etc.) y aquellos benignos de crecimiento expansivo, estructura homologa, encapsulados, etc), y que, después de la ablación quirúrgica, no recidivan ni dan metástasis. La presencia de este grupo intermedio nos obliga a seguir la clasificación, la vía preconizada por Virchow, de considerar una jerarquía de malignidad en un extremo de la cual, se encuentran los tumores malignos auténticos, en el otro los tumores benignos, y entre ellos los tumores con malignidad reducida, para los cuales no se puede, desdichadamente fijar límites precisos.