El tratamiento del cáncer es una actividad multidisciplinaria, en donde cirujanos, radioterapeutas y oncólogos clínicos deben trabajar con el mejor ejemplo de cooperación científica, a fin de lograr resultados óptimos en el tratamiento de esta enfermedad. Con el concepto que el tumor se origina a partir de una célula única, que luego por división y crecimiento excéntrico promueve una población celular, y que más tarde sobreviene la invasión ganglionar y las metástasis a distancia, el principio de tratamiento de un tumor es la extirpación del primario con la mayor cantidad de tejido adyacente posible y su correspondiente sistema de drenaje linfático. La clasificación de los tumores, ayuda al clínico en el planteamiento de los tratamientos; en el establecimiento de los pronósticos; y en la evaluación de los resultados del tratamiento. Las radicalidad depende de dos factores básicos: del tiempo y de la extensión del procedimiento quirúrgico. Cuanto más precoz sea realizada la cirugía, mejores serán los resultados. Cuando el tumor se ha extendido no hay radicalidad posible. Las lesiones malignas con focos metastásicos a distancia, no pueden ser tratadas radicalmente, y la falacia del término en estos casos, debe eliminarse de la concepción oncológica, porque a la hora de tabular los resultados, se presentarán las más atroces discordancias. El término operabilidad se emplea corrientemente, para significar la posibilidad técnica de extirpar un tumor maligno con la razonable creencia de que dicha remoción será de beneficio para el paciente. La extirpación puede considerarse positiva, cuando todas las evidencias conocidas del tumor han sido extirpadas y paliativas, cuando no se ha dejado tumor residual.