Numerosas hormonas tienen por efecto, no sólo aumentar la actividad funcional de los tejidos receptores, sino producir a este nivel, un intenso crecimiento mitótico, así pues, entre los muy variados estimulantes de la mitosis, las hormonas ocupan un importante lugar, no sólo por la intensidad de su acción, sino por el carácter aparentemente muy especifico de la relación entre hormonas y receptores tisulares. Esta estimulación mitótica con su activación funcional y su hiperplasia celular, característicos de la acción hormonal entraña, en condiciones experimentales, modificaciones que pueden ser punto de partida de crecimientos neoplásicos. Diversas hiperplasias producidas por un exceso de hormonas exógenas o aún endógenas pueden transformarse progresivamente, en el animal, en fenómenos de crecimiento autónomo y neoplásico. Si a esto añadimos, el hecho de que, algunas formas de cáncer hayan podido ser influenciadas, con mayor o menor grado de beneficio para el paciente, por alteraciones hormonales, se llega a concebir esta acción reguladora del crecimiento celular como parte de una intervención más general en la homeostasis celular y tisular. La multiplicidad y la diversidad de naturaleza y estructura de los agentes cancerígenos demostrados hace posible que, a su vez, su acción se verifique por vías bioquímicas diferentes, todas conducen a una vía final común. Consistente en una modificación bioquímica transmisible a las células hijas provenientes de la división celular, hasta lograrse una densidad tal de células anómalas que pueden escapar a los mecanismos usuales de control de organismos.