No basta conocer que para el año 1930 el cáncer ocupo el décimosexto renglón de la mortalidad diagnosticada en nuestro país y que para el año 1978 se ubicó en el tercer lugar, posición que en algunas variantes, ha ocupado en la última década. Tampoco basta conocer que el número de personas que mueren anualmente por esta delicada y agresiva enfermedad es de 10000 personas, aproximadamente, ni que el cáncer de estómago es el responsable del 20 % de esas muertes.
Para lograr una adecuada comprensión del problema “cáncer”, es imperativo, no solo registrar la mortalidad y las distintas localizaciones de la enfermedad en los Anuarios de Epidemiología y Estadística Vital, importa conocer la incidencia y la distribución geográfica y las variantes histopatológicas que nos permitirán definir los aspectos de prevención terapéutica y seguimiento.
Aunque creemos que no todo corresponde al Estado Venezolano, no se pueden soslayar el cúmulo de esfuerzos hechos por el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, inicialmente a través de la División de Oncología y, ahora, de la Dirección de Oncología y sus distintos centros primarios y secundarios de diagnóstico y tratamiento. Como tampoco puede desestimarse el aporte de la Sociedad Anticancerosa de Venezuela ni de las sociedades científicas, las cuales, de alguna u otra forma, han contribuido en la lucha anticancerosa en nuestro país.
A pesar de todos los esfuerzos realizados, solo es posible hoy, en nuestro medio, desde el punto de vista bioestadística, conocer a través del Anuario de Epidemiología y Estadística Vital, aunque no de manera absoluta, el número de personas que mueren anualmente.
En otras palabras repito, es imperativo, no solo conocer la mortalidad, sino también la morbilidad. Se hace necesaria la creación del Registro Nacional de Cáncer. Desconocemos los motivos por los cuales esto no se ha llevado a término, a pesar que desde hace muchos años el cáncer constituye una enfermedad de denuncia obligatoria. No podemos aceptar que los recursos económicos son insuficientes, como tampoco podemos aceptar que no ha sido posible por falta de material humano. Contamos con ambos factores y no podemos seguir perdiendo más tiempo en cumplir ese aspecto que, a nuestra manera de ver las cosas, es el más importante en la lucha antineoplásica.
El Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, a través de la Dirección Nacional de Oncología, para la cual el Registro Nacional de Cáncer es uno de sus objetivos fundaméntelas, tiene la palabra.