Vemos con creciente preocupación la problemática del Instituto de Oncología Luís Razetti, esta meritoria institución ha prestado valiosos servicios a la colectividad, desde su fundación en 1937 por decreto del Dr. Enrique Tejera, para entonces Ministro de Sanidad y Asistencia Social.
Funcionó al comienzo en una vieja casa de campo construida en lo que fuera las afueras de la ciudad y por donde luego pasaría la Avenida San Martín, residencia para los fines de semana de los muchachos Gómez. Allí fueron trasladadas las máquinas de radioterapia que habían sido adquiridas para el tratamiento de la epidemia de parálisis infantil (Sic) que ocurriera en Caracas en 1932.
La presencia del Dr. Corachán en 1939, como asesor del instituto, insufló un hálito renovador sólo comparable al que ocasionara Guzmán Blanco en 1945, a su regreso de los Estados Unidos. Diez años más tarde, su sede original fue demolida para construir una plaza donde asentar la estatua de San Martín, que debía ser trasladada. Ello ocurrió con sólo tres días de aviso previo para movilizar a los enfermos y desmantelar la institución. Solamente la mística del personal le permitió seguir funcionando de manera dispersa: la consulta externa en un apartamento de la urbanización de Los Molinos, sede de la División de Oncología; la hospitalización en el Sanatorio “Andrés Herrera Vegas”, en el Algodonal; la radioterapia en el Hospital “ José María Vargas” de la Guaira; los laboratorios en el Instituto Nacional de Tuberculosis; y los Archivos en el garaje del edificio de la Escuela Nacional de Enfermería el cual sería luego remodelado para su sede provisional.
A fines de 1957 se instaló en su sede actual en Cotiza, sede provisional en tanto se realizara el proyecto de Instituto Nacional de Cáncer, elaborado hasta en los más mínimos detalles por el jefe de la División de Oncología Dr. Guzmán Blanco, proyecto éste, que se constituyó en su obsesión y lo que lo llevó a rechazar una torre cuya construcción le fuera ofrecida como parte del plan de emergencias en 1958. El proyecto del Instituto Nacional de Cáncer fue archivado en 1961 por considerarlo improcedente el Dr. Lisandro Latuff, actuando en reunión de gabinete en representación del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, bajo la administración de Betancourt.
Esto hizo de un local improvisado y provisional la sede definitiva del hospital cuya demanda de servicio ha crecido considerablemente rebasando las posibilidades físicas del local. He allí que la crisis actual sea crisis de crecimiento.
Esta institución donde se ha formado la mayoría de los profesionales que se ocupan del cáncer en todos los aspectos, merece mejor suerte y algo más de atención por las autoridades sanitarias.
Sabemos del empeño del grupo médicos que allí labora por lograr el minimun de condiciones necesarias y suficientes para desenvolverse adecuadamente y beneficiar a la población que requiere los servicios.
Esperamos de las nuevas autoridades del gobierno debida atención al Instituto de Oncología Luis Razetti.