Es para mi motivo de agradecimiento y orgullo la designación que mis compañeros de profesión han hecho y, que me ha ubicado en la residencia de esta Sociedad en el periodo que comienza. Si bien, me es innegable la satisfacción que experimento, también y, con cierto dejo de nostalgia han retornado a mi memoria en estos momentos aquel grupo de médicos que armados de optimismo y conciencia futurista nos reunimos un día cualquiera de 1954 y fundamos este organismo. Algunos de ellos como Pedro González Rincones, su primer presidente y Bernardo Guzmán Blanco, el motor en su organización, perviven bajo la estela luminosa de su labor cumplida, en tanto que otros, como Cesar Rodríguez, Alberto Rivero, Víctor Brito y muchos que en este momento escapan a mi memoria, continúan en el momento actual, una fecunda labor médica y ciudadana que es motivo de orgullo para nuestro país.
La Sociedad de Oncología nació del convencimiento severo de este grupo de médicos, muchos de ellos no especialistas en la materia, de que era una necesidad impostergable agrupar y aunar esfuerzos a fin de organizar el basamento fundamental de la lucha anticancerosa; veinte años después, el cáncer sigue constituyendo un problema apasionante , de honda repercusión social y la forma de combatirlo parte de un concepto de aglutinación de criterios, de trabajo en equipo, tal como lo concebimos proféticamente estos pioneros de la lucha anticancerosa en Venezuela.
Enfrenarse al cáncer es hacerlo ante un flagelo milenario, fueron los griegos que los denominaron Oncología a la ciencia de los tumores. Carcinoma para ellos era un crecimiento en forma de cangrejo que podía asentar en cualquier parte del cuerpo, a cualquier edad y que invadía en forma característica. Desde esa época a la actual, su frecuencia ha ido progresando, bajo la influencia de factores no bien conocidos y, su diagnóstico se ha facilitado, por el mejor el conocimiento del proceso y los avances obtenidos en el diagnóstico. Para el año 1900 la proporción de muertos por cáncer en los Estados Unidos en comparación a la mortalidad general era de 1 x 25, en tanto que para el año 2000 las estimaciones lo ubican de 1 x cada 3 muertes. En los países desarrollados se calcula que aparecen 3000 casos nuevos al año por cada millón de habitantes, de lo que se deduce que sí las estadísticas coincidieran, en nuestro país tendríamos una frecuencia de 30000 casos por año; sin embargo, es necesario recalcar lo distinto de nuestra población. En Venezuela el 50 % de sus pobladores está por debajo de 15 años y aún cuando en esta etapa el cáncer es nuestra primera causa de muertes, todos bien sabemos que es en la edad adulta donde esta afección es más frecuente y, que por tal motivo, probablemente las cifras de incidencia no obtenidas hasta el presente, en nuestro país, sean unas dos terceras partes de la anteriormente anotadas y, que en realidad se nos mueran entre 10000 a 15000 personas anualmente por este motivo.
El cáncer, por su carácter de enfermedad mortal si se abandona a su propia evolución, su frecuencia progresivamente mayor, el oscurantismo de sus causas y el crecido número de conceptos erróneos difundidos sobre ella, nos obliga a plantear nuestra lucha desde diferentes niveles, como son los de prevención detención precoz, tratamiento adecuado e investigación. Nuestra Sociedad por esencia, no es crematística, ello corresponde a la liga anticancerosa, la cual, bajo la orientación de un grupo de personalidades encabezadas por el Dr. Alejandro Calvo Lairet, han realizado una admirable labor en el sentido de crear una conciencia del problema a nivel popular, de incorporar a poderosos grupos socioeconómicos al activismo y de haber construido un verdadero fortín docente y asistencial en el bien atendido Instituto Hogar Padre Machado, orgullo de la medicina nacional.
La Sociedad de Oncología, en cambio, ha cumplido y está obligada a cumplir una loable gestión de otro aspecto no menos importante de esa lucha y es el de mantener adecuadamente informado en cancerología y estimular permanentemente el nivel científico del médico venezolano, piedra fundamental y elemento indispensable en toda campaña contra el cáncer.
Debemos tomar en cuenta que, a pesar de los avances en la investigación cancerológica; de la mejoría de los diagnósticos; del progreso de los tratamientos quirúrgicos, radiantes y otros, el hecho primordial hasta ahora, de acuerdo a las estadísticas mundiales y, el factor insustituible para obtener resultados terapéuticos más satisfactorios, es el diagnóstico precoz, para lo cual, es indispensable la influencia favorable de una adecuada información sobre temas oncológicos suministrado a la clase médica en general.
La razón del pesimismo de muchos médicos es producto de una deficiente educación oncológica a nivel universitaria, donde se enseña este problema en forma multidisciplinaria, sin que exista la coordinación emanada de una cátedra de oncología, comité de tumores o simplemente de una junta que evite esta forma fragmentaria de enseñanza.
La Sociedad de Oncología, consciente del papel y la gestión que debe cumplir, ha realizado una permanente labor docente basada en la programación de cursos de actualización sobre los diferentes aspectos antineoplasicos; considero de obligación recordar que fue por el Dr. Armando Márquez Reverón, que se llevó a efecto una de las jornadas más meritorias en que ha estado involucrado la medicina nacional, los Congresos Integrados Latinoamericanos de Cancerología, verificados en octubre de 1971.
Señores: debo exteriorizarles mi franca aspiración de que durante el periodo de actividades que hoy inicio, esta Sociedad, la liga Anticancerosa, y la división de Oncología del Ministerio de Sanidad, deben laborar en un esfuerzo mancomunado y deben capitalizar y centralizar el esfuerzo individual de una generación médica formada principalmente en el Instituto de Oncología Luis Razetti, y que, actualmente disemina sus esfuerzos tanto en el campo quirúrgico como radiante, en todos los recodos de nuestra nación. Como consecuencia de lo así concebido y con la pronta revitalización de servicios, que como el de Radioterapia y Medicina Nuclear del Hospital Universitario, permanece actualmente inactivo por la falta de prevención de los organismos encargados de su mantenimiento, considero que no será fácil alcanzar metas más elevadas que las actuales y que nos son comunes, como comunes nos son los errores y fracasos en esta lucha.
Distinguido público: voy a iniciar mis gestiones pidiéndoles que comencemos a erradicar y a buscar un sustituto a la palabra cáncer, en la misma forma que se logró para la sífilis y la lepra. Esta palabra, tan cargada de ignominia y tan sinónimo de sufrimiento sin recompensa, debe ser delegada de un proceso que cada día aumenta en sus porcentajes de curación y mejora su pronóstico, en comparación a otras enfermedades con denominaciones menos traumáticas pero con peor evolución.
Voy a ser optimista en esta partida que me ha llenado de honra. Considero, al igual que mis compañeros de Directiva, que tomar resoluciones es nuestra obligación, pero que ejecutarlas con celeridad es lo verdaderamente valedero. Aspiramos a saltar sin contratiempos el abismo, tan tradicional de Venezuela, que existe entre el momento de aprobar lo que se está por hacer y el momento de realizarlo. Trataremos de evitar que una vez pasada la efervescencia del primer momento, muchas cosas pasen a integrar solamente un relato final, una carpeta bien numerada o simplemente a formar bulto en una oficina burocrática. Si logramos estos objetivos, estoy seguro que este selecto público que hoy nos hace compañía, no nos negará su reconocimiento y que los millares de pacientes que esperan por nuestra ayuda, serán los evidentemente beneficiados.
