Para nosotros el tiempo transcurre aceleradamente, es una sorpresa dolorosa constatar que efectivamente se han deslizado los años fortuitamente, mientras nuestra atención y esfuerzo continuaban, casi sin darnos cuenta, por los caminos y surcos abiertos y señalados por el amigo y maestro desaparecido hace veinte años.
Muchos de nuestros jóvenes compañeros de labores no lo conocieron. Para ellos es casi una figura mitológica a la que eventualmente se atribuye una proporción desmesurada de fantasía.
Es difícil para ellos y, para nosotros, que sí lo conocimos. Tenemos conciencia plena de la importancia del a labor gigantesca que corresponde a los sembradores, iniciadores descubridores… y, en general, a las personas que toman con amor y dedicación exclusivos el desarrollo y la conquista de sus objetivos.
Otros muchos lo recordamos fragmentariamente. Unos como el gran cirujano de diagnóstico preciso, de coraje indomable y de manos seguras. Otros, como el gran maestro, el maestro indomable de todos y cada uno de los días, con el ejemplo, con la autocrítica, con la reflexión severa, con la fantasía creadora que estimula y alienta. Otros, como el gran conocedor y catalizador de cualidades ajenas; el artífice en rodear a sus objetivos de las mejores posibilidades brillantes, de las que cualquier otro había temido el eclipse. Su proyección se prosigue en el tiempo como el sembrador generoso de oportunidades para la gente joven, el creador de las residencias para médicos el Instituto de oncología Luis Razetti. En el año 1946.
Otra faceta fue la de científico polémico que era más apreciado en Europa y América que en su propio país; el mismo que declinó las oportunidades que se le ofrecieron para continuar su vida profesional en el gran país norteño al terminar su entrenamiento en el Memorial Center de Nueva York; que prefirió sembrar en su propio inhabito a cosechar en el otro que le ofrecía oportunidades y provechos óptimos.
Hay personajes destacados en la historia cuyas obras se detienen con ellos; son obras magníficas, obras terminadas. Otras personas, a las que inútilmente nos empeñamos en minimizar, echan a andar, se ponen en movimiento, comienzan una actividad cuya importancia es tal, que hasta sus mismos opositores tienen que arrimar el hombro para continuarla.
Bernardo Guzmán Blanco murió hace 20 años. La obra que comenzó y planificó admirablemente continuará adelante mientras existan los flagelos que el enfrentó con decisión, con espíritu generoso, con la preparación científica necesaria y con el más profundo amor y dedicación por su labor diaria para sanar, aliviar, investigar y enseñar.
